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jueves, 22 de mayo de 2008

Niebla.

Los juguetes se amontonaban a su alrededor. Muñecos, coches de bomberos, patines, una bicicleta, osos de trapo, disfraces, balones oficiales de la liga, juguetes educativos para dos y tres años. Mattel , Playmobil, Fisher-Price...

Todos los paquetes ofrecían vivos y atrayentes colores para el niño.
Lazos rojos y dorados, papeles brillantes, adornos; esparcidos por el suelo, no dejaban un hueco libre para pisar.

Todos se miraban, ansiosos. ¿Qué juguete escogería? ¿Sería el suyo? Aquel que fuera el afortunado, miraría de reojo a los otros, creyéndose superior, pensando que la gran cantidad de dinero gastado le haría mejor que los demás.

El niño aguardaba en medio de todo ese desorden, mirando de soslayo hacia la puerta.

_¡Venga, juega! -le gritaban los mayores, mientras retenían a sus propios vástagos que querían avalanzarse sobre los regalos.

_¡ Venga, escoge uno!- le repetían, empezando a ponerse nerviosos. Había que guardar las formas, aunque pensaran que, si el niño no lo hacía, ¿ porqué ellos sí debían hacerlo ?

Hubo un ruido en la puerta. Los mayores y sus maleducados retoños continuaban con el bullicio.

El niño miró ansioso hacia el ruido de llaves y vió aparecer a su hermano mayor.

_¡Mira lo que te traigo!

En su mano, un pequeño perrito de goma.

Al niño se le iluminó la mirada, corrió hacia su hermano y, pisando papeles y juguetes, entre reproches y gritos de los mayores, le dió un fuerte beso.

Miró al perrito; al perrito de la papelería; al perrito que todos los sábados, durante el paseo, se quedaba mirando en el escaparate todo el tiempo que podía; al perrito inalcanzable; al perrito que valía una fortuna. Una fortuna que él no tenía, pero que su hermano había sacado de la hucha para darle una sorpresa. Un euro.

El niño agarró fuertemente el perrito con una mano y con la otra, tiró, más fuerte si cabe, de la de su hermano, y se fueron juntos a jugar.

Los mayores murmuraron entre dientes sobre la mala educación que esos niños estaban recibiendo y dejaron que sus fieras dieran buena cuenta del festín.



Aimar cumplió, ayer miércoles, dos años, dos añitos, dos añazos. Tuvo pocos regalos, unas pegatinas para poner en los cuadernos, en la cuna, en la frente; una cebra sobre la que montarse, pero que le daba miedo, y un perrito de goma que veía, todos los días, en el escaparate de una papelería al volver de recoger a su hermano del autobús del colegio, y que Asier nos pidió para él.

Asier le tiró de las orejas, dos veces; le regaló el perrito (ahora llamado "Niebla"); y disfrazó a la cebra (ahora llamada "burro") con su chaqueta de chandal, sus gafas de piscina, su gorro de mosquetero y sus botas de agua, para que no asustara a Aimar.

Hoy, Aimar se durmió con Niebla y la cebra ya no le da miedo.

2 comentarios:

bigudi dijo...

Hola , buenos dias , he caido sin saber como , bueno , si , buscaba la forma de una rodillera de chandal , para que nme sirviese de molde para una pequeña ilustración , no sé cmo ha aparecido co el vinculo de pegatina , este precioso relato ,que me ha dejado , en un instante, el estado ánimico perfecto para comenzar la decoración de una sencilla cajita para poner los dientes del Ratoncillo , Perez , o gomez , o como quiera ekl niño que se llame su raton , ya que veo que quizas le apetezca igual que a Aimar cambiarle el nombre , felicidades y graias por compartir con el mundo , vuestro mundo.Lydia.

Sergio dijo...

Buenos días Lydia, será una casualidad, pero hoy es Asier en que cumple cinco años. Bienvenida.