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viernes, 23 de mayo de 2008

Iñaki.

Sólo nos cruzamos un minuto en nuestras vidas. Tú terminabas de firmar autógrafos en los póster de tu firma patrocinadora, y nosotros paseábamos por los puestos de la feria recogiendo folletos de rutas y casas rurales.

Asier iba sobre mis hombros, y nos acercamos a ti cuando ya te ibas.

_Saluda -dije yo.
_Egunon - dijo una vocecita por encima de mis hombros.
_¿Cómo se llama? - preguntaste, y noté que no lo hacías con el tono de quien se limita a hacerlo para rellenar la dedicatoria de la firma.

Asier calló, así que fui yo quien contestó.

_Asier, se llama Asier.
_¿Y quieres ser montañero Asier? - dijiste mirándole directamente a los ojos, como miran las personas de espíritu puro, como miran los niños.
_"Tí"- dijo la vocecita, acompañando la respuesta con un leve movimiento de cabeza.
_Que majo - me dijiste. Yo todavía no tengo de esos, pero todo se andará - y me guiñaste un ojo.

Sonreí.

_¿Le das uno? - dije con un gesto, rompiendo un momento cómplice que no me atreví a alargar.

Durante un momento volviste la mirada para firmarle el póster y yo sentí envidia porque le habías preguntado a él por sus sueños, al fin y al cabo, Asier tenía toda la vida por delante, y tú también; mis sueños se limitaban a leer "literatura de montaña".

Mil libros he leido de esa "literatura de montaña", libros en los que la muerte está presente; a veces la de los compañeros, otras la del propio autor.
El primer libro que leí fue "Cuadernos del vértigo", de Louis Lachenal y Gérard Herzog. Versa sobre la primera ascensión a un ochomil, el Annapurna. Fue un libro "maldito", pues da una visión de dicha ascensión muy diferente de la plasmada en el libro oficial "Annapurna. Primer ochomil", de Maurice Herzog, jefe de la expedición, y único permitido durante muchos años. Habla de compañerismo, competición, sacrificio, pero sobre todo, de Amor a la montaña. Quizás por eso sigue siendo mi favorito.


Y fue precisamente allí donde te has ido, o quizás sería mejor decir, te has quedado.

Lejos de carreras por hacer cumbre, desde aquel día de diciembre, seguí tus avances, y cada éxito o fracaso tuyo en la montaña, lo sentía como mío.

Recordaré siempre dónde estaba cuando me enteré, como recuerdo dónde estaba cuando le ocurrió lo mismo a Félix Iñurrategi, como se recuerdan siempre los sueños rotos.

Iñaki Ochoa de Olza vive, ya para siempre, junto a la Diosa de la abundancia.


*La foto es de wikipedia.

1 comentario:

iK dijo...

Esta entrada se merecía un comentario, desde luego. Noto enjundiosos cruces con el gran "Cosas de Cumbres"...
En cualquier caso, una pena, lo de Iñaki.