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miércoles, 21 de mayo de 2008

El extraño caso del árbol-lobo.

Dicen los txikiteros del lugar que, no hace mucho tiempo, vivió en el barrio de gros un hombre-lobo.

Las noches de luna llena oían su aullido y no se atrevían a salir de casa. Las madres prohibían a sus hijas volver tarde e intentaban que los maridos hiciesen lo mismo.

Fue este hecho, el recogerse temprano en el hogar, lo que llevó a los hombres del barrio a tomar cartas en el asunto y buscar a la bestia, para que, por lo menos, les dejara potear en paz.

Buscaron y buscaron, por bares y tabernas sin encontrar señal alguna que lo delatara. Nadie sabía como era. Le suponían cubierto de pelo, pero una simple cuchilla podía borrar semejante pista. Ansiosos por la vida hogareña que les amenazaba, recurrieron a la bruja de Ulía, quien tras largos (y costosos) conjuros, les dió la solución.

Tenían que ir todos de farra una noche de luna llena y, antes de volver a casa, pararse a mear en los tamarindos de la Zurriola.

Cada uno tenía que escoger el suyo y recordar a quien tenía a su lado. Al día siguiente verían convertido en árbol-lobo, el tamarindo donde el monstruo hubiera estado.

A la mañana siguiente, todo el barrio salió a la calle y recorrieron el paseo hasta encontrarse con este árbol.


Estaba claro que el hombre-lobo había estado entre ellos, en ese tamarindo, e incluso había salpicado al árbol cercano. Todos se miraron para ver quién se había aliviado allí la noche anterior, pero nadie dijo nada. Las mujeres preguntaron a uno y a otro pero no consiguieron información fiable, el que no había ido muy borracho, no se acordaba de nada o le dió vergüenza mirar.

Aquello no solucionó el problema, así que la siguiente noche de luna, las mujeres volvieron a mandar a los maridos a beber y a mear en los tamarindos, avisándoles de que, esta vez, se fijaran mejor en quién meaba a su lado, y que no pararían hasta localizarlo y darle caza.

Esa noche, el hombre-lobo pagó las rondas.

Nunca se aclaró el misterio.

1 comentario:

Anónimo dijo...

ja,ja,ja,ja,ja,ja,ja,ja,ja,ja, aunque uno de los txikiteros (creo que el mismo hombre lobo) es mi marido, espera que llegue a casa de la siguiente farra.....