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martes, 21 de junio de 2016

Enseñanzas de verano.

Acabó el colegio. ¡Se terminó el estudiar! ¡Comencemos a aprender!

Entre otras cosas, nos embarcamos en un proyecto con Raspberry Pi para entender los entresijos de la computación.


Paralelamente, profundizaremos en el arte fotográfico, unificándolo con el don de la palabra escrita y la noble disciplina de la caligrafía. Igualmente, aprovecharemos los viajes para ahondar en el conocimiento histórico y geográfico de la península y de los pueblos que la habitaban antaño. En lo que se refiere a la geología y piedras varias tanto murallas como cavernas, monumentos y montañas tendrán toda nuestra atención llegado el caso. En cuanto a la comunicación oral, tiempo habrá de emplear diversas lenguas (incluída la de signos) para conseguir nuestros fines. En el aspecto físico, el mar, la montaña y la mesa serán los tres vértices de un triángulo sobre los que ejercitaremos nuestros cuerpos. Si equilátero, isósceles o escaleno lo sabremos llegado septiembre.

PD: No entremos en disquisiciones ni seáis quisquillosos, sabéis a qué me refiero diferenciando estudiar y aprender.

jueves, 9 de junio de 2016

Pinchazos.

Hay pinchazos que nos fastidian: la rueda de la bici, el gemelo al correr para coger el autobús, esa aguja despistada al coser un botón, el costado después de subir al quinto, el gemelo al correr para coger el autobús (el otro gemelo) ...

Pero otros, no tanto: la aguja hipodérmica al donar sangre, el costado después de llegar a la cima o...


Pd: En este caso el que pincha soy yo aunque todo se andará.

domingo, 5 de junio de 2016

Calendario junio.


PD: Que no sea por falta de verde.

sábado, 4 de junio de 2016

Good bye, Greatest.



PD: La mariposa tenía que estar flotando, pero bueno, se entiende.

miércoles, 1 de junio de 2016

¡Casi!

Exámenes, alergia,... demasiadas cosas para poder disfrutar del monte; nos quedamos en Donosti. Terminadas las obligaciones y aprovechando una brisa marina que barre el polen hacia el interior salimos a dar un paseo. Llegando a la altura de la Plaza Gipuzkoa un puesto montado en los soportales llama la atención de Asier.

_Aita, ¿puedo acercarme a ver qué dan?

Pero no hace falta responder. Una chica se nos acerca con un díptico y una bolsa de algo que resultan ser patatas fritas y nos dice:

_Bla, bla, bla,... Bio Terra. Bla, bla, bla, ... agricultura ecológica y sostenible. Bla, bla, bla, ... invitaciones para la feria. Bla, bla, bla,... les acerco otra bolsa de patatas para los niños.
_Vale.-respondo.



Los muchachos abren una de las bolsas mientras yo me quedo leyendo la información de la feria, en el folleto impreso en papel reciclado. Luego cojo la otra bolsa de patatas y sigo leyendo: patatas fritas ecológicas...patatas procedentes de la agricultura ecológica... aceite de oliva virgen extra procedente de la agricultura ecológica... sal marina (supongo que ecológica)... Me voy de allí sonriendo. No he encontrado nada referente a lo ecológico de la bolsa de plástico que las envuelve.

PD: Buenas sí que estaban, aunque algo duras.

lunes, 23 de mayo de 2016

Estrenando numeral de dos cifras.

El reciente sábado, 21 de mayo, Aimar celebró su cumpleaños estrenando la segunda cifra en el numeral de su edad. No es un hecho baladí dado que, hasta que cumpla los cien, éste no se incrementará hasta la tercera. Alrededor de la mesa nos reunimos diez comensales (incluyendo el agasajado), número que coincidió con la cantidad de regalos recibidos.



PD: Un poco de cultura matemática pinchando en el vídeo.

miércoles, 18 de mayo de 2016

Lagarte (8.110 dm.).

El sábado, 14 de mayo, Asier y yo subimos a Lagarte (8.110 dm.), uno de los montes más complicados de decidir.

Y es que, en un principio, teníamos previsto ir a Aitxuri. Aimar tenía una celebración de cumpleaños y pensé que era un buen momento para ascenderlo desde Aránzazu solo con Asier. Sin embargo, el tiempo se presentaba lluvioso y preferí esperar a una ventana de buen tiempo para disfrutar de esa ruta. Así las cosas, encontré Lagarte. Accederíamos desde Berastegi y haríamos una ruta con posibilidad de cerrar una circular. En la cena del sábado, lo comenté con Josean y me desaconsejó realizarla por el camino que había escogido. Ya concienciado en cambiar la ruta me ofreció otra posibilidad, subir desde Leaburu; más bonita, más limpia, mejor. Volví a casa ya dispuesto a esa nueva posibilidad pero, cuando la consulté, opté por otra (¿el tercer cambio? ¿el cuarto?): subiríamos desde la ladera sur pero desde Gaztelu. Conoceríamos una zona nueva y tendríamos la posibilidad de hacer esa circular. Al final lo hicimos, pero no como teníamos pensado.

Añadimos medio lugar más para el desayuno en Tolosa. Seguía siendo el Eceiza, pero el que está junto al frontón Beotibar (nuevamente, gracias, Josean). Por desgracia (ja), no pudimos decidir entre el cruasán y el brioche, con lo que optamos por un 2+1.


Ya en marcha, dejamos el coche en la plaza de Gaztelu y empezamos a subir. Estaba lloviendo. No demasiado pero sí lo suficiente como para llevar los chubasqueros puestos. Avanzábamos por una pista cuando llegamos a un cruce con un cartel. Fue la única señal clara durante el resto de la jornada, aunque no tuvimos problema para subir ni para bajar; dichos ambos como concepto amplio del término.


Caminábamos con tranquilidad, encontrándonos caseríos y cruzándonos con gente que subía y bajaba, en su mayoría corredores. Ya estábamos en el cresterío cuando apareció la niebla del lado de Berastegi. El altímetro señalaba 6.700 dm. pero estábamos muy cerca de Erroizpe (8.040 dm.). Efectivamente, un repecho nos esperaba para dar un poco de emoción a la ruta.

En Erroizpe ya no había buzón, solo un triste vértice geodésico. Nos hicimos la foto y continuamos hasta el cercano Lagarte. A pocos metros, dejamos de ver tanto uno como el otro.


Pero llegamos fácilmente a la cima de la jornada. La cumbre es una suave loma herbosa, sin buzón ni más indicador que un montón de piedras. No dejamos nota alguna y nos tomamos un tiempo para pensar qué hacer. Tras un par de onzas de chocolate, decidimos seguir por el cresterío y cerrar el círculo hasta Gaztelu. Nos pusimos en marcha.


Superamos unos cercados y nos metimos más en la niebla. La senda no era tan clara como a la subida y temía bajar demasiado hacia el lado equivocado. Así, aprovechando lo suave del terreno, fuimos bajando hacia el sureste para cruzarnos con el camino correcto. En ello estábamos cuando nos topamos con un claro en el bosque demasiado bueno como para dejarlo pasar. Comimos tranquilamente y charlamos un rato disfrutando de ambos placeres como buenos montañeros.

Recogidas las mochilas, seguimos andando. Poco a poco nos internábamos en el bosque y fui dándome cuenta de que cada vez nos alejábamos más de la ruta de la cresta. Llegados a un punto la di   por perdida y nos dedicamos a encontrar un camino de bajada. Y así, andando, andando, encontramos una borda. Junto a su puerta desaparecida comenzaba un sendero y decidimos seguirlo. Era hacia abajo, buena señal.

Según avanzábamos, la senda se convirtió en camino y éste en carreteril. La niebla nos dio una tregua y comprobamos que estábamos en la dirección correcta. Durante el resto del descenso, fuimos escogiendo en cada cruce (y fueron muchos) por dónde continuar, y parece que lo hicimos de forma correcta porque terminamos apareciendo en el cartel del comienzo de la ruta; es lo que tienen los montes de nuestra geografía humanizada, muchas opciones. Dejamos las cosas en el coche y nos dispusimos a conocer Gaztelu.

En Gaztelu hay un solo bar, a la entrada del pueblo, en el lateral del ayuntamiento. Allí nos encontramos a Eneko, el hijo del dueño, que estaba al frente del negocio en ese momento. Charlamos amigablemente, hablamos del Giro, de las cuatro tamborradas en la que toca el saxo durante el día de San Sebastián y del concepto de fiesta, algo diferente al de Asier en este momento. Jugamos unas buenas partidas en el futbolín gratuito que tenían en la zona trasera y volvimos a casa, nuevamente con una sonrisa en el rostro.

PD: Empatamos tres partidos y nos lo jugamos a quien meta, gana.