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lunes, 27 de julio de 2015

El descenso del Sella.

Hago un receso en las crónicas de Valdeón para describir en pocas palabras nuestra reciente aventura en el descenso del Sella. Y digo en pocas porque escribo esto con la punta de un lápiz cogido con la boca, en tanto aguardo a que las agujetas de los hombros bajen un par de niveles de la escala V.A.Q. (Varón Adulto Quejica).

¿Por qué nos embarcamos en esta aventura? (nunca mejor dicho) Dejemos para los historiadores tal hazaña y centrémonos en el desarrollo de los acontecimientos.

Amanecía el sábado amenazante... Bueno, tal vez sea demasiado épico. Volvamos a empezar.

El sábado nos levantamos temprano. El cielo estaba nublado y, a ratos, caía un ligero orbayu. Sin embargo, según fue avanzando la mañana, las nubes oscuras se disiparon, dejando paso a unos encantadores borreguitos, a juego con los que pacían en las campas aledañas. Habíamos reservado las piraguas con antelación y, de hecho, nos llamaron para confirmar la reserva dos veces; parecía que el Sella iba a estar concurrido ese día.



Llegamos temprano y nos dieron el remo (¿o la pala?), un pequeño refrigerio para llevar, un bidón estanco (que no entra agua, no que vende tabaco) y el chaleco salvavidas. Allí me llevé mi primera alegría del día. La chica encargada de dar los chalecos me acercó uno de la talla L.

_¿L?- le dije.
_Sí- contestó sonriente- para ti es suficiente.

Emocionado, me lo puse por la cabeza y lo deslicé hasta que me quedó ajusstado (la doble ese es por las chispas que saltaban).

_Ahora aprieta las cinchas.-me dijo.
_Creo que no hace falta.- le contesté.
_Qué sí, es necesario.- me replicó.
_No, ya, si es que no puedo.-dije con un hilillo de voz.

Y es que el chaleco me salvaría de morir ahogado en el agua, pero no en la tierra.

Ya con mi chaleco XL, nos acercamos a escuchar la charla del monitor sobre lo que había que hacer y lo que no.  ¡Dios mío la de cosas que no se deben hacer! Algunas incluso me las apunté mentalmente para no hacerlas en otra ocasión. Nos explicó los lugares de "escapada", a los siete y diez kilómetros de recorrido, para los que no quisieran hacer los quince completos (juro que le oí reírse al decir lo de "quisieran"). También comentó el horario de permanencia en el río, de once a seis de la tarde, por un convenio los pescadores. Pobres peces, entre las piraguas y los anzuelos, ellos sí que no descansan.

Quitemos el exceso de gente (del que también formábamos parte) y nos quedó un día de disfrute total y completo del río. El placer de deslizarse por el agua, los descansos en las playas, los rápidos (más o menos rápidos), los choques con las piraguas descontroladas de los de las despedidas de soltero... Esperé ver a la Guardia Civil haciendo controles de alcoholemia pero, al parecer, estaban todos ocupados. Una lástima.

Los muchachos disfrutaban sin dar abasto y nosotros no nos quedábamos atrás. Truchas, salmones, alevines, patos, incluso un martín pescador en plena acción. La naturaleza, en todo su esplendor, miraba por encima del hombro a cualquier parque de atracciones. La única pena fue eso mismo, el que algunos confundieran la experiencia con un parque temático y no se comportaran con un mínimo de respeto. Como un chico que cazó una cría de pato y pretendía llevársela a casa. Pena que nos quedara lejos del alcance de nuestros remos (ejem, ¿quien dijo violencia? ¡Dónde está Patomas cuando se le necesita!).

Una última observación. Sí, los niños tienen que saber nadar, y, lo dicho, no es un parque temático. Unos padres volcaron con la piragua y el padre sostenía en el agua al chaval de unos cuatro años, con cara de angustia (el padre).

PD: Para el año que viene, el ascenso.

sábado, 25 de julio de 2015

Paseos nocturnos.

En Posada de Valdeón cenamos tarde. Definitivamente, muy tarde. Tal vez sea porque andamos mucho por el monte y después queremos dar un paseo por el pueblo. Quizás porque dejamos que los niños se queden jugando por ahí hasta que se cansen, y eso no ocurre nunca. Puede que aprovechemos a charlar con la gente y se nos pase la hora. Sí, es eso, las tres cosas. Eso, y que el tiempo no discurre de la misma manera que en la ciudad.

Salimos de cenar a dar el paseo nocturno. La noche está estrellada. Pienso en montar el telescopio pero me entra la pereza; es una hora de montaje y calibración antes de pegar el ojo, y ya es casi medianoche. Miguel sale del Hostal; Pedro y Maite también. Durante un rato miramos y nombramos algunas estrellas hasta que se me ocurre una idea.

_¿Y si nos animamos a subir al puerto? Allí seguro que incluso se ve mejor.

Nieves y los niños aceptan el desafío, y suben a por las chaquetas. En Valdeón refresca por la noche (otro placer más en este infernal julio).

_Miguel, ¿te vienes?

Miguel pregunta a sus padres antes de aceptar.

En quince minutos estamos arriba y el espectáculo me deja sin palabras.



PD: Bueno, solo unas pocas.

viernes, 24 de julio de 2015

Miguel y el oso.

Miguel es un joven sobrio. Miguel será un hombre sobrio, como su padre, Pedro. No le falta mucho, a sus dieciséis años.

Miguel ha visto al oso.

Fue a mediados de mayo, por la tarde. Eran cuatro en el coche. Iban a donde cuatro jóvenes pueden ir en Valdeón a esas horas; a cualquier parte. Estaban a altura de las casas de Porciles cuando los faros deslumbraron al animal.

Miguel es de hablar pausado. No levanta la voz ni susurra. Tiene el tono como el carácter, pero nos transmite la emoción del momento de una forma mágica. Nadie habla.

Cuenta que la sorpresa les pudo a todos, oso y jóvenes. Uno, asustado, cayó por un terraplén. A los otros, les pasó de todo. El conductor, frenó e intentó dar las largas para ver mejor, pero ya las tenía puestas y las apagó; el copiloto, abrió la puerta para salir pero se tropezó y cayó a la cuneta; y Miguel, al intentar hacer lo mismo, se encontró forcejeando con el cinturón de seguridad que olvidó que llevaba atado. El cuarto se quedó sentado, esperando.

Tras unos segundos de desbarajuste, todo volvió a su cauce. El oso trepó por la ladera y escapó, mientras que los chicos salían para ver únicamente las huellas de su pisada y las marcas de sus zarpas en la tierra.

Tal vez fuera mejor así. Sí, seguro.

Nos cuenta Maite, su madre, que cuando volvió a casa le hizo prometer que no se lo iba a contar a su padre; quería hacerlo él.

PD: No me extraña.
PD2: A la mañana siguiente, ya lo sabía todo el valle.

miércoles, 22 de julio de 2015

De vuelta en Valdeón.

Nos detenemos un año más en el Puerto de Panderrueda para contemplar el valle de Valdeón. Panderrueda es una de sus tres entradas, tal vez la más conocida y espectacular, sobre todo si el atardecer tiñe la Bermeja de ese mismo color. La segunda, sigue la carretera que viene desde Potes y pasa por el puerto de Pandetrave; nunca la hemos usado para entrar. La tercera, ¡ay, la tercera! La tercera hay que recorrerla a pie por el fondo del valle. Es el final de la transitadísima Ruta del Cares, que une Puente Poncebos y Caín por el desfiladero, y continúa por el bosque de Corona. Es la que hicimos, Nieves y yo, cuando descubrimos Valdeón. Hace veinte años.

Son muchos años, aunque el tango diga lo contrario.

Hemos llevado mochilas cargadas, tensando hasta lo imposible sus costuras; paseado bucólicamente por sus caminos; ascendido sus cumbres; charlado con sus habitantes; hecho amigos; visto crecer una nueva generación...



PD: Volvemos al valle.
PD2: Fue el 10 de julio. No ha llovido nada en Valdeón desde entonces.

martes, 7 de julio de 2015

7 de Julio.

¡Viva San Fermín! Gora San Fermin!


Toda la semana, a las 8 de la mañana, en primera fila.

PD: En la tele.

domingo, 5 de julio de 2015

El piragüista.

Lleva diez días madrugando para remar, cayéndose al agua (tirado por el monitor o de forma involuntaria), mareándose por el oleaje, sufriendo pájaras debido al esfuerzo, desembarcando en la isla, recorriendo la bahía de un extremo a otro, rodeando Santa Clara por alta mar...


Poco importa que el remo le supere en medida, que alguna de las piraguas sea difícil de dominar (no la 7, su preferida), que los compañeros le asusten con el avistamiento de marrajos o que las olas le impidan subirse a la embarcación desde la orilla.

Asier ya es un piragüista de pro. Y el mar es su medio.

PD: El primer Fanjul que pisa la cuarta playa.

miércoles, 1 de julio de 2015

Calendario Julio.

¡Por fin! ¡El verano!




PD: ¡Ya lo huelo! ¡Ya lo huelo!
PD2: Mecachis, maldita alergia...