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domingo, 22 de marzo de 2015

Si vas al monte, te pueden pasar cosas.

La noticia me pilla fuera de casa. Hablo con los muchachos.

_Aita, ha llegado un paquete de un amigo tuyo.
_¿De quién?
_De Ander, el escritor.
_¿Y qué es?
_No lo sabemos, viene con nuestro nombre.
_Pues entonces será para vosotros. Abridlo.

Y lo abren.

En su interior aparece un libro, su último libro, el de Chernóbil, pero encima de la portada vienen pegadas varias cosas: dos invitaciones, una hoja escrita a mano y la nota que dejaron los muchachos en el buzón de Alborta a mediados de diciembre del pasado año.



¡La curiosidad me corroe!

La hoja está escrita al estilo Josema (aunque con la letra no tan pequeña): en un trozo de una hoja de libreta de espiral, por las dos caras y sin desperdiciar un ápice. Me la leen y la transcribo:

Donostia, 13 de marzo de 2015.

AIMAR, ASIER:

Aquí va, tres meses después de vuestra subida al Alborta, el mensaje que dejásteis y que encontramos en el buzón mi amiga Sara y yo. Ayer utilicé vuestro mensaje para explicar qué son los buzones de montaña en la exposición "Mendia" de San Telmo, así que os mando dos invitaciones para que vayáis a verla. y un pequeño libro que escribí sobre Chernóbil.

Un abrazo, Ander.

Paralelamente a la recepción del paquete, me llega un correo electrónico de Ander, pidiéndome que le llame cuando el cartero pase por mi casa.

Algo me decía que esto no había terminado.

PD: Aún quedaba lo mejor.

sábado, 21 de marzo de 2015

Día del padre.

Los besos ya no tienen tantas babas pero los abrazos son mucho más fuertes; los niños crecen. Durante un instante me dejo llevar por lo que deparará el futuro, pero se me pasa enseguida. Abro los regalos y me encuentro un dibujo de Spiderman, uno de un robot esperando órdenes y una pulsera depilatoria de colores; también hay un cómic sin terminar en la imprenta. Una navaja cortaúñas se cuela entre los obsequios de parte de la que me hizo padre.


Y hay cruasanes para desayunar.

PD: Pulsera depilatoria, léase, pulsera de gomas demasiado estrecha para mi muñeca.

viernes, 20 de marzo de 2015

Feliz año nuevo.

Termina hoy el sol su periplo al son de un eclipse tímido y damos paso a la primavera. ¡Feliz año nuevo!

En esta ocasión, no hay que apuntarse a ningún gimnasio, empezar una colección de fascículos, iniciar un régimen o desear lo mejor a los demás con una copa en la mano.



Hoy comenzamos otra vuelta.

PD: ¿Quién se anima a buscar brotes verdes?

Eclipse 2015.

"La Luna se interpondrá entre el Sol y la Tierra, y no dejará verlo".


PD: Pues vaya novedad.

domingo, 15 de marzo de 2015

Aprendiendo de primera mano.

El sábado, 7 de marzo, volvíamos del monte con un puñado de huevos huérfanos de rana. Aún no eran renacuajos, solo huevos. Los dejamos descansar en un vaso y, lo que ocurrió los siguientes días, fue algo que no nos esperábamos.

Domingo 8 de marzo.



Martes 10  de marzo (por la mañana).



Martes 10 de marzo (por la tarde).



Jueves 12 de marzo.


Hemos hecho fotografías y vídeos, consultado en la Wikipedia y en diferentes páginas web, visto la relación de la temperatura en el crecimiento embrionario y la respuesta a la luz de los renacuajos...

Actualización a domingo, 15 de marzo.

No todos los renacuajos han conseguido sobrevivir. De los once que vinieron con nosotros, cinco no pasaron de los primeros días. De los seis restantes, tres crecen con normalidad mientras que los otros tres siguen vivos pero parecen estancados en su evolución.

PD: Pensamos que son, serán, ranas bermejas.

martes, 10 de marzo de 2015

Eguzkizko Muinoa (10.083 dm.)

Tras casi dos meses de sequía (aunque no sea el término más adecuado, visto febrero), el sábado, 7 de marzo, volvimos al monte. Nuestra intención, después de tanto tiempo, era no forzar demasiado así que buscamos un desnivel aceptable y lo encontramos en la zona de Leitza, Eguzkizko Muinoa (10.083 dm.). "Aceptable"; ¡ja!, todavía me río al recordarlo (intento ser irónico).

Cumplido el trámite (delicioso trámite) del redesayuno, dejamos el coche en el Hotel Basa-kabi. Para nuestra desgracia se encontraba abandonado, con lo que olvidamos futuras recompensas en formas de derivados del cerdo. Aunque cerdo, o más bien cerda, sí que había y pasamos a saludarla. Quién sabe si nos volveremos a encontrar en alguna fiesta.


Comenzamos a caminar y, en lugar de seguir la aburrida pista que nos llevaba hasta el repetidor, giramos por una pista a nuestra derecha. No tardé en caer en mi error. Al cabo de un rato, la ruta abandonaba el camino y comenzaba a ascender por una PEN-DI-EN-TE, es decir, por una pendiente muy pronunciada. Nos encontramos con un pequeño grupo de hayas, aunque secas, pero básicamente fue subir y subir y subir.

Terminado el minicalvario (porque tampoco fue para tanto) llegamos a la zona de regalos. Comenzamos por un buen montón de manchas de nieve que los niños disfrutaron con holgura y continuamos suavemente hacia la cima por la loma herbosa.


Nos detuvimos a contemplar cómo se rascan los caballos (o cómo se quitan las pulgas) tumbándose en la tierra y girando de un lado para otro como si fueran chiquillos. Es curioso e impresionante ver a un animal de esa envergadura, moverse con semejante soltura.

Llegamos a la cima y dejamos la nota en el buzón. Era temprano, apenas la una, pero descendimos un poco para comer algo. Algunos metros más abajo nos esperaba una nueva sorpresa, una vez más en forma de nieve.


No podíamos perder la ocasión, habida cuenta de que, por uno u otro motivo, este año no habíamos pasado por las campas de Albi a deslizarnos con los txanperos. Así las cosas, improvisamos un pequeño luge, que hizo sus funciones satisfactoriamente.


Recogimos y nos dispusimos a volver. Sin embargo, optamos por no regresar por el camino de subida. En su lugar, crestearíamos, pasando por Petriketa para empalmar con la pista; el descenso respetaría nuestras rodillas.

Llegados al collado vimos una charca. Los muchachos se acercaron y encontramos un escenario dantesco. En el fondo, decenas de ranas muertas, en la superficie, en una cantidad como nunca antes había visto, miles de huevos huérfanos flotaban inmóviles a mercer de las alimañas. Parte de la charca aún seguía helada, quién sabe si eso fue el motivo de la muerte de las ranas. De pronto, una idea salió de no se sabe quién y cogimos un puñado de huerfanitos de rana. Nos los llevamos con cuidado a casa, donde ya descansan plácidamente.



De vuelta, nos detuvimos en Leitza a tomar algo y disfrutar del sol y los parques con niños.

PD: No queremos mascotas en casa. Cuando crezcan, los devolveremos a su medio.

miércoles, 4 de marzo de 2015

Los problemas del ahorro.

Somos una multinacional que ajusta sus costes y abarata sus productos al máximo. Reducimos embalajes, eliminamos elementos superfluos y nos ahorramos unos eurillos al no adaptar nuestras etiquetas a los diferentes idiomas de los muchos países en los que estamos establecidos.

¡Compre ya nuestros envases para alimentos!


PD: Los recipientes se entregan vacíos.