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lunes, 23 de mayo de 2016

Estrenando numeral de dos cifras.

El reciente sábado, 21 de mayo, Aimar celebró su cumpleaños estrenando la segunda cifra en el numeral de su edad. No es un hecho baladí dado que, hasta que cumpla los cien, éste no se incrementará hasta la tercera. Alrededor de la mesa nos reunimos diez comensales (incluyendo el agasajado), número que coincidió con la cantidad de regalos recibidos.



PD: Un poco de cultura matemática pinchando en el vídeo.

miércoles, 18 de mayo de 2016

Lagarte (8.110 dm.).

El sábado, 14 de mayo, Asier y yo subimos a Lagarte (8.110 dm.), uno de los montes más complicados de decidir.

Y es que, en un principio, teníamos previsto ir a Aitxuri. Aimar tenía una celebración de cumpleaños y pensé que era un buen momento para ascenderlo desde Aránzazu solo con Asier. Sin embargo, el tiempo se presentaba lluvioso y preferí esperar a una ventana de buen tiempo para disfrutar de esa ruta. Así las cosas, encontré Lagarte. Accederíamos desde Berastegi y haríamos una ruta con posibilidad de cerrar una circular. En la cena del sábado, lo comenté con Josean y me desaconsejó realizarla por el camino que había escogido. Ya concienciado en cambiar la ruta me ofreció otra posibilidad, subir desde Leaburu; más bonita, más limpia, mejor. Volví a casa ya dispuesto a esa nueva posibilidad pero, cuando la consulté, opté por otra (¿el tercer cambio? ¿el cuarto?): subiríamos desde la ladera sur pero desde Gaztelu. Conoceríamos una zona nueva y tendríamos la posibilidad de hacer esa circular. Al final lo hicimos, pero no como teníamos pensado.

Añadimos medio lugar más para el desayuno en Tolosa. Seguía siendo el Eceiza, pero el que está junto al frontón Beotibar (nuevamente, gracias, Josean). Por desgracia (ja), no pudimos decidir entre el cruasán y el brioche, con lo que optamos por un 2+1.


Ya en marcha, dejamos el coche en la plaza de Gaztelu y empezamos a subir. Estaba lloviendo. No demasiado pero sí lo suficiente como para llevar los chubasqueros puestos. Avanzábamos por una pista cuando llegamos a un cruce con un cartel. Fue la única señal clara durante el resto de la jornada, aunque no tuvimos problema para subir ni para bajar; dichos ambos como concepto amplio del término.


Caminábamos con tranquilidad, encontrándonos caseríos y cruzándonos con gente que subía y bajaba, en su mayoría corredores. Ya estábamos en el cresterío cuando apareció la niebla del lado de Berastegi. El altímetro señalaba 6.700 dm. pero estábamos muy cerca de Erroizpe (8.040 dm.). Efectivamente, un repecho nos esperaba para dar un poco de emoción a la ruta.

En Erroizpe ya no había buzón, solo un triste vértice geodésico. Nos hicimos la foto y continuamos hasta el cercano Lagarte. A pocos metros, dejamos de ver tanto uno como el otro.


Pero llegamos fácilmente a la cima de la jornada. La cumbre es una suave loma herbosa, sin buzón ni más indicador que un montón de piedras. No dejamos nota alguna y nos tomamos un tiempo para pensar qué hacer. Tras un par de onzas de chocolate, decidimos seguir por el cresterío y cerrar el círculo hasta Gaztelu. Nos pusimos en marcha.


Superamos unos cercados y nos metimos más en la niebla. La senda no era tan clara como a la subida y temía bajar demasiado hacia el lado equivocado. Así, aprovechando lo suave del terreno, fuimos bajando hacia el sureste para cruzarnos con el camino correcto. En ello estábamos cuando nos topamos con un claro en el bosque demasiado bueno como para dejarlo pasar. Comimos tranquilamente y charlamos un rato disfrutando de ambos placeres como buenos montañeros.

Recogidas las mochilas, seguimos andando. Poco a poco nos internábamos en el bosque y fui dándome cuenta de que cada vez nos alejábamos más de la ruta de la cresta. Llegados a un punto la di   por perdida y nos dedicamos a encontrar un camino de bajada. Y así, andando, andando, encontramos una borda. Junto a su puerta desaparecida comenzaba un sendero y decidimos seguirlo. Era hacia abajo, buena señal.

Según avanzábamos, la senda se convirtió en camino y éste en carreteril. La niebla nos dio una tregua y comprobamos que estábamos en la dirección correcta. Durante el resto del descenso, fuimos escogiendo en cada cruce (y fueron muchos) por dónde continuar, y parece que lo hicimos de forma correcta porque terminamos apareciendo en el cartel del comienzo de la ruta; es lo que tienen los montes de nuestra geografía humanizada, muchas opciones. Dejamos las cosas en el coche y nos dispusimos a conocer Gaztelu.

En Gaztelu hay un solo bar, a la entrada del pueblo, en el lateral del ayuntamiento. Allí nos encontramos a Eneko, el hijo del dueño, que estaba al frente del negocio en ese momento. Charlamos amigablemente, hablamos del Giro, de las cuatro tamborradas en la que toca el saxo durante el día de San Sebastián y del concepto de fiesta, algo diferente al de Asier en este momento. Jugamos unas buenas partidas en el futbolín gratuito que tenían en la zona trasera y volvimos a casa, nuevamente con una sonrisa en el rostro.

PD: Empatamos tres partidos y nos lo jugamos a quien meta, gana.

lunes, 16 de mayo de 2016

Dando la chapa.

El pasado viernes 13, nos reunimos un nutrido grupo de amigos para hacer los honores a los términos mencionados (nutrido y amigos). La velada transcurrió de manera plácida en la sociedad de Iñaki y tanto él como Imanol y Josean, cocinaron para el resto y, obviamente, para si mismos, un costillar de cochinillo de 3/3 (por las horas de horno y los costillares empleados), unos pimientos verdes, una ensalada de tomate y bonito, y una ensalada de acompañamiento que aún sigue acompañando a alguien por ahí.



Una impresionante tarta de hojaldre y crema puso punto y final a la ingesta de sólidos.



No arreglamos el mundo, no encontramos solución a los problemas de la Real Sociedad, no buscamos una explicación lógica a la política actual, ni nos dimos la chapa los unos a los otros con nuestros problemas cotidianos. Lo que se dice, una velada perfecta.

Respecto a lo de dar la chapa, solo hubo una excepción y fue aceptada de buen grado.



PD: Mil gracias de parte de Asier, Josean. 
PD2: Patxi, Ricardo, Jesus y el que suscribe, pusimos la mesa de manera rápida y eficiente.

jueves, 12 de mayo de 2016

Izazpi (9.670 dm.).

El sábado, 7 de mayo, esperábamos secarnos de las excursiones primaverales y disfrutar del buen tiempo con una ruta agradable. Lo de agradable lo conseguimos, lo del buen tiempo... tal vez por comparación.

La víspera celebrábamos el cumpleaños de Imanol y comentamos nuestra intención de subir a Izazpi (9.670 dm). Ya teníamos lugar para el redesayuno pero Ricardo estuvo al quite y nos recomendó uno nuevo. Decidimos probar.

Llegamos a Urretxu (todavía no sé por dónde) y encontramos la plaza de Gernika sin dificultad. Una gran carpa de fiestas la ocupaba casi por completo y no se veía nada. Sin embargo, un delicioso olor, procedente de un lugar indefinido, nos decía que no andábamos desencaminados; dimos un rodeo y lo encontramos. A partir de ahora va a ser difícil elegir.


Hacía mucho que no visitábamos la ermita de la Antigua. Guardamos muy buen recuerdo del padre de Imanol y su invitación a subir en sidecar, allá por el 2009. Calzamos las botas, ajustamos las mochilas, calibramos el altímetro y comenzamos a subir pasadas las once de la mañana.

 


La ruta clásica sigue una pista y va dejando caseríos a uno y otro lado. Llegados a un punto, el camino se bifurca. La pista continúa por la derecha hacia la cumbre por un camino más directo, corto y pendiente pero nosotros escogimos la senda de la izquierda. Da un rodeo mayor pero el desnivel es más suave y se oye el trinar de los pájaros en lugar de un resuello entrecortado.

Y allí nos encontramos con ella.



Bajando tras un montañero, una perrita beagle se detuvo a nuestro paso. El chico siguió camino y el animal se entretuvo con nosotros. Jugamos un rato y, al rato, seguimos adelante. La perra, ya bautizada como Pascualita (Pascualito en un primer momento), se quedó husmeando. Pensamos que se había perdido y que no encontraba por dónde se había ido su dueño. Nos detuvimos... y se vino con nosotros. Revisamos su collar por si había algún número de teléfono o dirección pero no hubo suerte.

Organizamos un cónclave y decidimos que, cuando bajáramos, ya encontraríamos al descuidado, seguramente esperando en la zona de la ermita. Sin embargo, según avanzábamos nos entraron las dudas: ¿y si aquel muchacho no era el dueño? ¿y si la pobre Pascualita ya estaba perdida? En eso estábamos cuando nos cruzamos con otro chico que bajaba.

_Aupa, perdona, ¿no te habrás encontrado con alguien que esté buscando a su perro?

El chico se quitó los cascos y repetí saludo y pregunta.

_Pues sí.

Asier y yo, que íbamos algo adelantados, sonreímos por nuestra suerte.

_¿Y por dónde anda?
_Pues está por arriba. Lleva más de una hora buscando a su perro.
_Vale, muchas gracias.

Aún nos quedaba un buen trecho hasta la cima pero anduvimos atentos por si escuchábamos voces o silbidos. Podía ser que nos cruzáramos y no nos viéramos. Hay varios caminos para descencer del Izazpi.

Al tiempo, llegados a un punto en el que ya divisábamos la cruz cimera, otro montañero bajaba con un perro. Le hicimos señas. Confiábamos en que fuera el dueño de Pascualita; tal vez tenía dos animales.

_Aupa, ¿es tuyo este perro?
_¿Eh? ¿Qué?
_Es que nos lo hemos encontrado y un chico nos ha dicho que alguien lo estaba buscando por aquí.
_Sí, era yo.
_¡Bien! ¡Qué suerte! - pensé, y no sé si Asier estaba pensando lo mismo.
_Pero ese no es mío, el mío es éste.

Y señaló a su pequeño pastor negro y blanco.

_Llevo subiendo y bajando de la cruz una hora hasta que ha aparecido. Es que hay mucho corzo por aquí y se escapan tras el rastro.
_Vale, pues gracias. Luego bajaremos a la Antigua. Si ves a alguien que esté buscándolo, avísale, por favor.
_Vale, agur.
_Agur.

Llegamos a la cumbre, dejamos la nota en el buzón y descendimos unos metros para comer. El viento soplaba fuerte y, aunque no era frío, tampoco era agradable; del sol, ni rastro en toda la mañana. La amenaza de lluvia estaba prevista para media tarde pero aún era pronto. Así, comimos tranquilos mientras nuestra compañera de cuatro patas jugaba con unos caballos y pillaba alguna cosa que se nos caía.


Bajamos con cuidado, el terreno estaba resbaladizo. Asier y yo charlábamos despreocupadamente. La conversación iba y venía de un tema a otro sin rumbo aparente hasta que...


_Aita, ¿nosotro podríamos tener perro?

_...

_Es que si no encontramos al dueño...

_Hombre, ya buscaríamos dónde dejarlo hasta que lo encuentren.

_Pero si no, ¿podríamos tenerlo?

_¿A Pascualita

_Bueno, sí o si no, otro.

_Si viviéramos en el campo, bueno. Los perros hay que bajarlos a pasear dos o tres veces al día y...

_Eso ya podría hacerlo yo.

_Pero ¿tú crees que un perro tan activo como éste estaría bien en la ciudad?

_Bueno... no.


Y no hablamos más de ello.


Llegados al cruce donde nos la encontramos, un grupo de montañeros subía por otra ruta. Les preguntamos sin éxito y siguieron adelante. Pascualita, se fue con ellos, otra vez hacia la cima.


Nos quedamos descompuestos. Asier se quedó mirando cómo se iba el animal y no dijo nada. No hacía falta.


Poco después, Nieves y Aimar nos alcanzaron.


_¿Y Pascualita? - preguntó Aimar. 


Le contamos lo ocurrido y también se apenó. 


Durante el resto del descenso, Asier preguntó a todo el que se encontró por si sabían algo del dueño del animal. Nada. Sin embargo, los muchachos se fueron animando, pensando qué sería mejor si viviéramos en el campo. La decisión fue unánime, un perro y un gato; pero de cachorros, para que se fueran conociendo y no se pelearan de mayores.


Nadie esperaba a Pascualita en la ermita de La Antigua.


PD: Le hemos dado muchas vueltas y hemos decido que Pascualita vivía en algún caserío de la zona y seguro que estará bien. Es lo mejor para todos.

martes, 10 de mayo de 2016

Everest 1996.

Hoy se cumplen veinte años del famoso desastre del Everest. Hace tiempo, antes de saber detalles de los hechos, antes de la omnipresencia de internet, compré y leí los libros de Jon Krakauer, Mal de altura, y de Anatoli Bukréyev, Everest 1996, donde se relatan los acontecimientos de aquel 10 de mayo; los leí en ese orden. Tras terminar el primero, creí tener una visión bastante fiel de los hechos que sucedieron. Sin embargo, cuando pasaba la última página del libro de Anatoli me di cuenta de una cosa: su libro no sería un éxito de ventas, pero la "verdad" de Jon Krakauer ya no era tal.

Reconozcámoslo, el estadounidense es jodidamente bueno escribiendo. Su relato te atrapa y las tergiversaciones, las verdades a medias y las críticas veladas, las lees y te las crees sin darte cuenta; son tan bonitas, es todo tan romántico. El kazajo no escribe su libro directamente, es G. Weston DeWalt quien ordena y transcribe su relato. Sin embargo, en esa transcripción no se pierde nada y los hechos se revelan de una forma más directa y clara, cruda y sin florituras.

No seré ingenuo. Soy consciente de que es imposible juzgar la actitud de la gente en una situación de vida o muerte pero, por eso mismo, los hechos descritos por Bukréyev se imponen a la crítica cómoda de Krakauer.

Pero, ¿qué importa? ¿verdad?

Pues algo sí que me importa. Esos dos libros, como en su día sucediera con Annapurna, primer ochomil, de Maurice Herzog y Cuadernos del vértigo, de Louis Lachenal y Gerard Herzog, nos dan dos visiones de una misma situación. Y, en realidad, reflejan las mismas situaciones a las que nos enfrentamos todos los días y que vamos juzgando de una u otra manera según nos hayan llegado, o no, todas las informaciones de los diferentes puntos de vista.

Y aquí quería yo llegar. No a hablar de montañeros, no a hablar de montañas, que ahí seguirán, las subamos o no, sino a hablar de nuestra visión de los hechos, juzgados por la información que nos llega o que dejamos que nos llegue. El otro día liberaron a tres periodistas en Siria de los que yo, particularmente, no tenía noticias de que estuvieran secuestrados; no era primera plana en los telediarios. Incluyo, que no excuso, en mi desconocimiento, mi abotargamiento ante la avalancha de noticias importantemente inútiles de los medios habituales. En definitiva, y a lo que iba, hay mucho más periodismo que el que se ve en las portadas de los diarios; aquí y aquí, por ejemplo. Está en tus manos juzgar los hechos por la información que quieras recibir.

Busca y lee.

PD: Perdón por el rodeo.
PD2: Del libro de Krakauer han hecho una película, de Hollywood.

lunes, 2 de mayo de 2016

Akier (11.240 dm.)

El 30 de abril terminamos el mes montañero como lo empezamos, lloviendo, aunque en esta ocasión disfrutamos de la compañía de más meteoros. Lo que se dice un pleno, tres de tres.

Llegamos a buena hora a Lekunberri, aún quedaban tres cruasanes para el redesayuno. Pedimos dos de ellos y otras dos palmeras de chocolate, y las disfrutamos con la tranquilidad de quien ve llover por la ventana. No era una lluvia intensa y cesó enseguida. Pusimos rumbo a Oderitz y llegamos pasadas las diez y media.

El lector fiel se acordará de las gratas experiencias que guardamos de ese pueblo del valle de Larraun y, nada más llegar, un suave gruñido nos hizo recordarlas.


El perro de Yoli y Alberto nos recibió con un ladrido cariñoso y un trozo de madera que apenas le cabía en la boca (por lo pequeño). Lo dejó a nuestros pies y se quedó mirándolo. Bueno, esto último es una suposición porque la melena del animal le tapaba los ojos completamente.

Tras un par de lanzamientos, el palo se convirtió en astilla y buscamos otro más grande para continuar el juego. Ya habíamos comenzado a caminar y los niños seguían tirando el juguete cada vez más lejos hasta que el perro se cansó (o sintió que se alejaba demasiado de su casa) y seguimos solos; ya no vimos a nadie más en todo el día.

Al poco de empezar a subir volvió a caer un fino sirimiri (o como se llame en Navarra). Hacía algo de frío y teníamos los cortavientos puestos por lo que no nos detuvimos; tampoco era para tanto. Sin embargo, la lluvia se transformó en chaparrón en un visto y no visto, y no nos quedó otra que sacar los chubasqueros y los protectores de las mochilas.




Seguimos avanzando y el chaparrón, como vino, se fue, dejando paso a un sol que calentaba de lo lindo. Vuelta a detenerse y a guardarlo todo. Pero el baile no había terminado. Durante la siguiente hora, llovió, hizo sol, granizó, hizo sol, ¡y hasta nos nevó! Parecía que el cielo se había conjurado para tenernos entretenidos pero evité quejarme porque, por lo menos, no caían rayos.

Llegados a un punto, la senda terminó en una explanada. Una piedra señalaba la dirección a seguir y, a partir de ahí, solamente unos hitos dispersos y la obviedad de la pendiente indicaban el camino a la cumbre.



Llegados a un paso, un pequeño cresterío (nada complicado pero mejor ser cauto) dio paso a la cima y su buzón-cohete. Los muchachos dejaron la nota y descendimos hasta un lugar más seguro y protegido; la niebla estaba empezando a aparecer.



Tras los bocadillos, regresamos por otro camino y llegamos de nuevo a Oderitz, donde ya no estaba el perro para jugar con nosotros. Como aún era temprano, nos detuvimos en Astiz para tomar un café y enseñar al resto de la familia dónde se puede estar a gusto, comer y jugar unas partidas de cartas al amor de una buena lumbre.

Los muchachos buscaron otra ocupación e hicieron buenas migas con unos niños, quedándose en el frontón mientras los mayores le dábamos a la cafeína.



PD: Era muy tarde para unos huevos, que si no...
PD2: ME DIJERON que era tarde para unos huevos, que si no...

domingo, 1 de mayo de 2016

Calendario mayo.

Comprobado, el verde ya luce en montes y campos.


PD: Ya solo falta el sol.