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miércoles, 17 de diciembre de 2014

Tres días en la Sierra de la Demanda.

Una vez más, en buena compañía, fuimos a disfrutar del puente de diciembre; esta vez muy corto. Escogimos una zona relativamente cercana para todos, de manera que no nos pasáramos la mitad del tiempo en el coche (que las tres horas previstas se convirtieran en cuatro y media por culpa del mal tiempo y el tráfico no cuenta).

Encontramos una casa en Tolbaños de abajo y enseguida nos pusimos a buscar rutas. ¿Es posible ir a la Sierra de la Demanda y no pasar por la laguna negra, las lagunas de Neila o el cañón del Río Lobos? Si pones como límite una hora de coche para la aproximación, 10 km. como distancia de ruta y 500-600m. como desnivel máximo, la cosa se complica. Pero somos gente de recursos, así que se puede, pero no es fácil.

 (Tolbaños de abajo, anclado en el pasado pero con reparto de pan en camión a diario)

Así, el primer día nos acercamos a la laguna de Haedillo. Dejamos el coche en Tolbaños de arriba y caminamos casi todo el tiempo por una pista. La noche anterior habían caído algunos copos y el bosque mostraba un ligero manto nevado. Sin embargo, cuando la pista terminó y cogimos altura, el paisaje fue tornándose cada vez más blanco. El día no terminaba de levantar y el cielo permanecía gris. Llegamos a nuestro destino soplando un viento helado y no nos detuvimos mas que para hacer unas fotos a través de la niebla a la superficie helada de la laguna y tomar un chocolate caliente. Volvimos a la casa y comimos los bocadillos paseados estando a resguardo.



El segundo día tampoco parecía muy prometedor. Pretendíamos llegar hasta el Pico Cerezales. La ruta también discurría en su mayoría por una pista y todo indicaba que el barro sería nuestro invitado pegajoso. Sin embargo, no fue así. No hay ruta que la nieve no haga bonita, y esa fue nuestra suerte. Nos costó acercarnos al collado donde dejar los coches porque en la carretera helada casi no había huella y la fuimos abriendo nosotros con mucho cuidado.

Calzamos las botas y, tras un cómodo paseo, nos adentramos en el monte y ascendimos siguiendo los hitos y alguna que otra marca de pintura. El camino no estaba del todo claro pero no tuvimos mayor problema. Para hacer más épica la jornada, ya en la rampa cimera, un vendaval nos hizo ganarnos la cumbre. Desandamos unos pasos el camino para encontrar refugio tras unos árboles y comer, esta vez sí en el monte, los bocadillos y el chocolate caliente.



Una caldera de calefacción estropeada, unas cenas temáticas de actualidad, un cercano y abandonado bosque de robles, y muchas risas serán nuestros recuerdos para el futuro.

PD: Y un roble que, según las crónicas, apenas podía rodearse por seis hombre adultos y que fue abrazado por cuatro cuarentones y dos niños holgadamente.
PD2: Veinte años, ya.

lunes, 15 de diciembre de 2014

A vueltas con el régimen.

Que sí, que vale, que mañana me pongo a régimen. ¡Si no me canso de repetirlo! Lo dije ayer, lo digo hoy y lo repetiré las veces que haga falta.

PD:En realidad, "régimen" no es un periodo de tiempo, sino un estado.

jueves, 11 de diciembre de 2014

Uno más.

Ayer, 10 de diciembre, vino al mundo Haritz.

Mi enhorabuena a la esforzada madre y un especial y solidario recuerdo al padre, que desaparecerá durante un tiempo de las conversaciones familiares.

PD: Los primos Asier y Aimar ya esperan para jugar con él.
PD2: ¡Ánimo, Juan!

lunes, 1 de diciembre de 2014

Calendario diciembre.

Este año me da que no va a haber fotos de nieve hasta bastante más tarde.


Pd: Aunque siempre puede surgir un viaje inesperado.

domingo, 23 de noviembre de 2014

Andrelorriaga (7.250 dm).

La mañana del sábado amaneció lluviosa, pero nuestra decisión de víspera de ir al monte permaneció intacta. Habíamos escogido ir a Andrelorriaga/Esparruko Punta (7.250 dm.) por varios motivos: cercanía, altitud moderada y aparente sencillez. Realmente, lo que teníamos en mente era disponer de tiempo para conocer Lazkao. ¡Tantas veces redesayunada y nunca explorada!

Así pues, comenzamos con lo mencionado, tras lo cual nos acercamos en coche a Olaberria.


Calzadas las botas comenzamos a caminar entre lujosos chalets hasta que se terminó el terreno edificable del último plan general y pasamos a la zona de caseríos. La carretera transitaba de uno a otro dejando atrás bucólicas estampas guipuzcoanas.


Pasamos junto a la casa-torre de Ojarbi y nos desviamos de la carretera para adentrarnos por una pista. Hasta ese momento, la ruta había sido sencilla pero, desde entonces, tuvimos que enfrentarnos con unas pendientes considerables. Caminábamos entre pinos hasta que llegamos a una valla metálica. Justo antes de cruzarla, nos adelantó por la derecha, sin intermitente, ni aviso previo, un hombre mayor a toda velocidad. Cuando llegó nuestro turno y pasamos al otro lado, solo pudimos comprobar cómo se alejaba por la rampa cimera hasta que lo perdimos de vista. Bendita senectud de jersey de lanilla y vara de avellano.

Acercándonos a la cumbre (loma-cumbre, habría que decir) empezó a soplar un fuerte viento. Llegados a los desvencijado buzones, los muchachos dejaron como pudieron su nota y descendimos unos metros para buscar refugio a sotavento. Comimos con Vizcaya en el horizonte y bajamos sin entretenernos más.



Paseamos la tarde en las calles de Lazkao, cafeteamos en sus terrazas, los niños jugaron en su plaza mayor y volvimos a casa cuando se puso el sol.

PD: Un sencillo día redondo.

miércoles, 19 de noviembre de 2014

El intercambio (III).

Cuando nos despedíamos de Marc, me recordó que teníamos una charla pendiente; y afianzó la idea enseñándome su habitual hoja, abigarrada de anotaciones. No era la primera vez, ni la segunda, pero uno nunca está del todo preparado cuando se trata de enfrentarse a las preguntas de Josema.


A los días, nos citamos en el Tánger, el bar de las columnas de granito (como así me lo apuntó). Venía con una nueva vieja bici de carreras y la ató con un candado que pesaba casi más que ella; seguridad ante todo.

Sacamos dos cafés y, durante hora y media, los estiramos, charlando de los colores de las puestas de sol, de longitudes de onda y dispersión atmosférica; de humedad y sensación de frío, aquí y en Rusia; de energía, calor y estiramientos deportivos; de contadores de calorías en edificios con calefacción central; del granito de los Alpes, del agarre en carretera y de asfalto. Luego me contó su aventura europea con aquel Mercedes que ya vendió, y con la alfombra que le pusieron al llegar a la central de Stuttgart. Fue debajo del cárter, para que no manchara el suelo de aceite pero, a los efectos, fue como si extendieran una alfombra roja bajo sus pies.

Pero la charla no terminó ahí. Aquella aventura a la sede de la Mercedes, derivó en la curiosa historia del primer coche con motor de explosión y su viaje iniciático, a cargo de la mujer del inventor y sus hijos. Es curioso conocer cómo surgió la idea de incorporar luces o un cambio de marchas en ese primer vehículo y, por lo tanto, en todos los que hay ahora.

Nuevamente fue poco tiempo, y los compromisos no nos dejaron seguir charlando. Sin embargo, aún pudimos hablar del hematocrito, su variación y su utilidad, gracias a su experiencia en el Cho Oyu, antes de volver a casa.

Como siempre, fue todo un placer estar con Josema. Como alguien me dijo una vez: "Y pensar que hay gente con la que no sabes de qué hablar."

PD: En la foto, granito gallego sobre mármol de origen desconocido.
PD2: Nos acordamos de ti, Ander.

domingo, 16 de noviembre de 2014

Descripciones.

 El profesor de Aimar les está explicando cómo hacer la descripción de una persona:

_Por ejemplo, podría hablar de un niño... que sea aplicado... que tenga rizos... que corra muy rápido...

En eso, los dos compañeros que se sientan delante de Aimar se vuelven hacia él y exclaman:

_¡Aimar! ¡Eres tú!

PD: De un relato de Aimar.