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jueves, 17 de agosto de 2017

Mugidos en la noche

El frío empezaba a ser molesto. Las nubes añadían una humedad desagradable y nos pusimos todo lo que llevábamos de abrigo. Aún y todo, el viento que se empezaba a levantar hacía más molesta la espera y, rondando las siete, montamos la tienda y esperamos dentro.

Por encima de las nubes bajas que recorrían la montaña se podía atisbar por momentos el cielo azul. Posiblemente, cuando se pusiera el sol, el viento se detendría y las nubes quedarían en el valle.

No me equivoqué.


Cenamos al abrigo de las peñas que protegían nuestro refugio y nos dispusimos a echar un sueñecito hasta las dos de la mañana. La luna aún no molestaría en el cielo y tal vez tuviéramos suerte con la lluvia de estrellas.

A las dos en punto me desperté y me asomé. La noche estaba limpia y estrellada. Teníamos la tienda orientada hacia Perseo, que justo se acababa de levantar también sobre el Pardarri. Estuve cinco o diez minutos esperando pero ninguna estrella fugaz justificó mis desvelos. Volví al saco dispuesto a repetir al cabo de una hora aunque sabía que la luna me lo pondría muy difícil.

Daban las tres cuando me volví a asomar. La luna ya había salido y parecía que era de día. Tanto era así que pude ver una vaca del otro lado de la ladera; estrellas fugaces, ninguna. La temperatura era de diez grados y volví al calor acogedor. Habrían pasado diez minutos cuando un mugido ensordecedor me sobresaltó.

_Aita- me dijo Asier desde su saco- ¿hay una vaca ahí fuera?
_No- le contesté. La he visto hace un momento del otro lado del monte.

Otro largo mugido desgarrador me hizo darme cuenta de que las vacas pueden andar.

PD: Y más si se tiene una farola alumbrando desde lo alto.

miércoles, 16 de agosto de 2017

Incertidumbre

Comenzamos a caminar cercanos al mediodía. La ruta no es larga y hay pocas cosas que hacer cuando se llega, con lo que tampoco es necesario madrugar. La tardanza impidió el redesayuno en Lekunberri pero llevábamos suficiente avituallamiento para compensarlo.

El día no levantaba, aunque tampoco lo esperábamos hasta media tarde. Las nubes altas y la proximidad aún del frente anterior nos hacían avanzar en una jornada fresca, perfecta para caminar. Los hitos iban llegando poco a poco: chocolate con bollo aplastado por aquí, lacito de hojaldre por allá,... Llegados a Igaratza nos detuvimos a comer en la ermita.

Casi terminando, nos dirigimos a la fuente para llenar las cantimploras. Estaba seca. O más bien habría que decir cerrada. La fuente sale de un depósito y, por debajo del sumidero, podíamos ver la llave de paso bloqueada. No hacía mucho calor pero con el agua que llevábamos íbamos a estar demasiado justos. Regresábamos meditabundos cuando vimos la puerta del refugio abierta.

Entramos.

La zona común tenía la mesa cubierta de hongos y, en el suelo, cuatro pares de botas gastadas de diferentes tallas. Me asomé a la cocina y vi a una familia comiendo en la mesa.

_Aupa.
_Egun on.
_La fuente está seca. ¿Tenéis agua?

Con un gesto, el padre de familia me indicó la fregadera y siguió comiendo. Rellené todo y me fui.

_Agur. On egin.
_Eskerrik asko.
_Agur.
_Agur.

Y siguieron comiendo; la locuacidad vasca en todo su esplendor.

Retomamos el camino y empezó a soplar algo de viento fresco. Nos adentrábamos en la zona guipuzcoana y el tiempo suele cambiar respecto a la vertiente navarra. Llegados a nuestro destino nos abrigamos. Aún era temprano para montar la tienda y echamos unas partidas de cartas. Yo miraba de reojo la montaña, no fuera a ser que una niebla traicionera cayera de pronto sin darnos cuenta.



PD: La niebla cayó pero me di cuenta.

lunes, 14 de agosto de 2017

Decisiones

Se acercaba la fecha, venían las Perseidas. En esta ocasión, la ventana de buen tiempo nos dejaba varias fechas a elegir. Por un lado, el viernes no era la mejor para la lluvia de estrellas pero, siendo el primer día después del mal tiempo, sería el más despejado y menos caluroso. El sábado era el máximo pero tendríamos mucho más calor y la posibilidad de que las nubes cubriesen el cielo nocturno. Por otra parte, si íbamos el viernes, volveríamos el sábado y la carnicería de Lekunberri nos ofrecería una deliciosa posibilidad a la vuelta. Por otro lado, si volvíamos el domingo, coincidiríamos con la romería a Igaratza y los bocadillos de txistorra a mitad de camino. Ante semejante lío, la familia delegó en mí la responsabilidad de la elección y opté por el viernes. Si fue una decisión acertada o no, nunca lo sabremos. Sin embargo, fueron dos días para recordar durante mucho tiempo.


PD: Muuuucho tiempo.

domingo, 13 de agosto de 2017

Nunca es lo mismo

Quien crea que, otro año más, repetimos vivac en Aralar es que nunca ha venido con nosotros...


... ni ha visto una puesta de sol con nosotros; ni comido macarrones con trocitos de salchicha, tomate y queso con nosotros; ni fracasado al intentar ver la lluvia de estrellas con nosotros; ni pasado una noche...


PD: Nunca es lo mismo.
PD2: Jo, qué noche.

jueves, 10 de agosto de 2017

007

Siguiendo con los carteles, me hizo especial ilusión estar hospedado en el mismo hotel que James Bond (aunque no le vimos por ningún lado).


PD: Cosa por otro lado, normal, que por algo es agente secreto.

domingo, 6 de agosto de 2017

Misterios de la gran ciudad

Una de las cosas por las que Madrid nos da cien vueltas es por su respeto hacia algunos tipos de colectivos. Así, en la imagen del Metro, podemos comprobar cómo hay asientos reservados para malabaristas (de esos que hacen cosas chulas con bolas de cristal), personas que se acaban de dar una panzada en un restaurante y visten como Demis Roussos, buscadores de setas y practicantes de marcha nórdica.



PD: Y todos calvos.

martes, 1 de agosto de 2017

Calendario agosto

Ya falta menos.


PD: Siempre falta menos.