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jueves, 25 de agosto de 2016

Hitos históricos (y II).

Será unos años más tarde que el primero pero el veintitrés de agosto de dos mil ciento dieciséis se cumplirá el centenario de la primera vez que Aimar fue a comprar el pan; él solo. Caerá en domingo.

La verdad es que el asunto flotaba en el aire los últimos días. Los muchachos estaban nerviosos. Aimar dudaba entre ir ahora o dejarlo para el año que viene y Asier andaba preocupado por su hermano. Hablé con los dos. Así, Asier saldría antes y "vigilaría" la ruta, y Aimar no necesitó mas que unas palabras de confianza para decidirse.

Ese día se batieron varios récords. No el de velocidad, establecido por Asier unos años antes, pero sí el de precocidad, dejándolo en los diez años, cinco meses y dos días; también el de mayor número de barras traídas la primera vez: dos.



PD: Imagen ligeramente posterior a la llegada de los trofeos.

domingo, 21 de agosto de 2016

Espectáculos de la Naturaleza.

En el monte se hace de noche muy rápido. En cuanto se pone el sol, la temperatura baja y empiezan las prisas. Por eso no esperamos tanto y, para cuando empezó a ocultarse, ya teníamos la tienda montada y la cena hecha... y devorada.

Disfrutamos del momento en silencio.


No daban las diez cuando cerramos la tienda. Dejamos el cielo casi totalmente despejado y quedamos en despertarnos a las dos para disfrutar del evento.

Llegada la hora, me desperté. Me vestí y salí con cuidado. La luna se estaba ocultando por el horizonte y, en cuanto se acostumbraron mis ojos, pude incluso contemplar la vía láctea. La noche era perfecta y no tardé en ver la primera estrella fugaz. Un "¡Hala!" me hizo saber que no estaba solo. Asier se asomaba por la puerta de la tienda y Nieves se calzaba para estar conmigo.

Habíamos orientado bien nuestro refugio. Perneo iniciaba su ascenso por el horizonte y no hizo falta que los muchachos salieran al relente; aunque la noche era cálida. Despertamos a Aimar y, desde la entrada, aún dentro de sus sacos, contaron y contaron lágrimas de San Lorenzo hasta que les venció el sueño.

_¿Os despierto de nuevo a las cuatro? - les pregunté.
_¡Sí! ¡Sí! - contestaron en un susurro.

Pero llegado el momento, solo Asier respondió a mis zarandeos. En esa ocasión ninguno salimos de la tienda y yo aguanté más tiempo que él. Habían sido seis años utilizando la lluvia de estrellas como excusa para hacer noche en el monte y, por fin, habíamos tenido la noche perfecta.

En el monte también amanece muy pronto y, en cuanto clareó, ya nos movíamos en los sacos. Algún zalamero intentó quedarse un rato más y cedimos, pero el desayuno caliente pudo con los rezagados. Secamos la condensación de la tienda al amor de los primeros rayos de sol y nos pusimos en camino dejándolo todo como lo encontramos.

PD: Salvo nuestras pupilas, que volvieron cargadas de estrellas y deseos.

viernes, 19 de agosto de 2016

¡Viva el vivac!

Llegaban las fechas de la lluvia de estrellas de las Perseidas y estábamos atentos al tiempo. Dos noches se postulaban como las idóneas, la del 11 al 12 y la del 12 al 13. Llegado el momento, una mejor previsión para la segunda nos hizo decidirnos.

Este año iríamos los cuatro. El año pasado hice dos salidas, con Aimar y con Asier, y no llegué a la tercera, con lo que Nieves no durmió bajo las estrellas (o la lluvia, según). Así pues, nada de cimas ni rutas largas. El peso de la tienda "familiar" y los extras impiden que el sherpa más grande intente hazañas de previsibles consecuencias.

Y esa fue uno de las sorpresas de este año. Repartimos los pesos teniendo en cuenta la capacidad de cada uno. Amén de lo suyo, Asier llevaba las piquetas de la tienda, dos cantimploras y algo de comida; Aimar, los desayunos. El resto nos lo repartíamos entre Nieves y yo. En cuanto comenzamos a andar y vimos cómo los muchachos se alejaban cuesta arriba charlando, nos dimos cuenta de que, para el año que viene, tenemos que repartir mejor.

Habíamos comenzado a caminar bastante tarde. El sol lucía y calentaba de lo lindo pero no tardamos en llegar a Pagomari. El bollo con chocolate (esta vez sin fundir) de costumbre nos hizo disfrutar doblemente del camino. Llegamos a Igaratza a la hora de comer (en realidad, siempre comemos cuando llegamos a Igaratza, sea la hora que sea).

Descansamos tranquilos. No teníamos ninguna prisa y retomamos la ruta cerca de las cuatro de la tarde.

Este año, las praderas de Aralar están más verdes. Había ovejas y caballos con potrillos como hacía tiempo que no veíamos. Un buen puñado de vacas también pastaba por los altos. Sacando fotos y disfrutando de la Naturaleza llegamos a nuestro lugar y nos quitamos las mochilas. Aún era temprano para montar la tienda, descansamos y echamos unas partiditas de cartas. En el cielo azul, unos precursores de los meteoritos surcaban el firmamento.



PD: Los famosos meteoritos Vitoria-Madrid, Vitoria-Barcelona y Vitoria-Santiago.

jueves, 18 de agosto de 2016

Zumbidos en la noche.

 Era esa hora de la noche en la que no sabe uno bien si ya se le puede llamar "el día siguiente" o solo es muy tarde. El caso es que la pareja dormía plácida y tranquila, como suelen dormir los niños, cuando un zumbido les despertó. No era un mosquito sino más bien una vibración aguda. De una forma inconsciente y automática él echó mano del teléfono (que en esos momentos hacía los usos de despertador) y lo agitó para que se apagara. ¡Ay, esos benditos diez minutos más de tregua! Mientras lo hacía, pensaba en lo mal que había dormido y lo cansado que estaba. Iba a ser un día duro.

Aún no sabía cuánto.

Dejó el móvil en la mesilla y, al instante. lo volvió a coger. El zumbido persistía y lo agitó, esta vez más fuertemente.

_¿Qué haces?- le dijo su mujer, encendiendo la luz de la mesilla.
_Intento apagar el maldito móvil, perdona por haberte despertado.

Con el ojo legañoso y el dedo impreciso fue cerrando aplicaciones y pensando cuál estaba bloqueando la desconexión del despertador. "Malditas aplicaciones gratuitas"- pensó, y terminó por apagarlo ante lo infructuoso de su búsqueda.

Pero aquello persistía.

_¡Pero qué es eso! Parece el camión de la basura o algo así.- dijo.

Para entonces, él también había encendido la luz y luchaba por poner sus ondas cerebrales en marcha.

_Viene del baño.- sentenció ella.

Y vio su figura borrosa alejarse y regresar con el origen de los zumbidos agarrado entre sus manos.

El cepillo de dientes se agitaba como la cola suelta de una lagartija y se lo entregó con una sentencia que dejaba meridianamente claro quién se iba a tener que encargar del asunto: "Es el tuyo".

Aquel instante permanecerá grabado a fuego en su memoria: el destornillador de estrella intentado quitar un tornillo que, finalmente, no daba acceso a la batería; el arrancado feroz de la cobertura de goma, que tampoco escondía nada que le hiciera conseguir detener el maldito zumbido; los alicates y la tensión de su antebrazo ralentizando la vibración, la cual volvía en cuando cesaba la presión; y, por fin, el destornillador plano grande, introducido con fruición reiteradas veces y con cierta saña en el interior del engendro mientras rememoraba clásicos del estilo "Viernes 13".

Solo Dios sabe por qué no cayó en la tentación de arrojarlo por la ventana. Tal vez la lectura a una edad temprana de las obras de Edgar Allan Poe le hiciera darse cuentra de que, intentar alejar violentamente aquel engendro endemoniado de su presencia, no hubiera solucionado nada. Un contenedor metálico o una alcantarilla abierta habrían sido el destino del cepillo infernal y los ecos habrían despertado a todo el vecindario. Las huellas dactilares y los restos de ADN de su boca terminarían por llevar a las autoridades hasta su domicilio con funestas consecuencias.

Los restos de la barbarie les esperaban por la mañana en la cocina. Esparcidas por el suelo, decenas de piezas, de lo que otrora fuera un útil y bonito utensilio de aseo, recordaban lo que, a esas horas, solo parecía un mal sueño.



La escoba eliminó todo rastro antes de que lo niños se levantaran.
 
PD: En cierta manera, fue como vivir en un capítulo de FRIENDS.

miércoles, 17 de agosto de 2016

"Los vascos".

Llevamos muchos años yendo a Valdeón, tantos que no hay tango que los cante. Sin embargo, estrenamos ruta nueva. Volvemos de Montó con víboras, culebras, sirones y rebecos en nuestras pupilas (bueno, solo un rebeco). Estamos ya próximos a enlazar con la carretera de Prada cuando nos cruzamos con una señora. Viste unas sencillas botas, un pantalón de lo que pudo ser un chandal y un jersey azul; en su mano, una vara grande. Al llegar a su altura, nos detenemos. Estamos solos, Asier y yo; Nieves y Aimar aún no nos han alcanzado.

_Buenos días,... buenas tardes ya.- saluda ella.
_Hola, buenas tardes.- contestamos.
_Qué, dando un paseo ¿no? ¿Estás cansado, majo?

El majo es Asier, el cansado yo.

_No, ahora vamos a jugar con los amigos del pueblo.
_¿Con los de la farmacia?
_Sí, también, pero con los de la plaza.

Los muchachos han hecho buenas migas desde hace unos años con unos chavales de su edad. Bueno, más o menos, ya se sabe que los grupos de niños en los pueblos son de edades variopintas.

_Ah, ya los conozco.
_Venimos de Montó- me adelanto. ¿Usted adónde va?
_Pues el médico me ha dicho que tengo que bajar unos kilos que he cogido este invierno. Voy a Santa Marina.

La mujer se va a meter entre pecho y espalda una ruta de más de diez kilómetros y con unas pendientes iniciales respetables. Seguimos charlando y aparece Nieves con Aimar.

_Hola, majo. ¿Habéis visto vacas allí arriba?
_No- contesta Aimar- pero sí un rebeco. Le he hecho un vídeo.
_Pues vacas sí que hay porque mi hijo es guarda y me ha dicho que están por ahí.
_Hemos llegado hasta la caseta.- comento.
_Era una ruta muy bonita. Hemos visto serpientes.- dice Asier.
_Pues antes- y la señora se dirige a los chavales- por la mañana les subíamos el desayuno a los que guardaban las vacas allá arriba y luego para abajo. Y a media mañana, otra vez arriba con la comida.



Seguimos conversando y los temas cambian.

_Pues aquí ando yo también- continúa. Por la mañana he estado con la que estaba antes en la panadería.
_Ah, ya sé quién es.- dice Nieves.
_Pues la pobre está con una alergia por la harina. No puede ni trabajar. Ya me ha dicho que habíais vuelto otra vez este año. "Ya están por aquí los vascos", me ha dicho.

Y así las cosas, nos despedimos. Ella sigue para arriba, "los vascos" vuelven a Posada.

PD: "Los vascos" también saben investigar y le ponen nombre a la señora en cuanto llegan al hostal.
PD2: Gracias, Juana.

lunes, 15 de agosto de 2016

Aviso a trasnochadores.

Necesito una sartén rectangular para hacer la tortilla que llevamos al monte. Si alguien trasnocha y la localiza en la teletienda que me avise, por favor.



En este momento sobran dos trocitos de los que damos buena cuenta durante el desayuno, así que tampoco urge.

PD: Tetris nivel Maestro.

domingo, 14 de agosto de 2016

Recogiendo estrellas caídas.

Desde su lugar especial, la familia al completo vio ponerse el sol.



De madrugada, les faltaron dedos para contar las estrellas caídas.

PD: Estando descalzos.