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martes, 19 de septiembre de 2017

Cálculo mental

Tal día como hoy, hace dos años, por mi cumpleaños, me pesé y resté a dicha cantidad mi peso deseado. Ese resultado lo dividí entre tres y obtuve así lo que tenía que adelgazar cada año para llegar con mi objetivo cumplido antes de los cincuenta.

El año pasado el cálculo fue más sencillo. Cuando me pesé me di cuenta de que la resta ya la tenía hecha del año anterior, con lo que solo tuve que dividir por dos dicha cantidad.

Este año ha sido mucho más sencillo. Cuando me he pesado he comprobado que la resta que hice los dos años anteriores me valía y, por si no fuera poco, incluso me he ahorrado el dividir.



PD: En la imagen, SIN PHOSTOSHOP, mi báscula haciendo una predicción de futuro.
PD2 (Espero).

viernes, 1 de septiembre de 2017

Calendario septiembre

Se avecina un mes interesante.


PD: En breve comenzarán los fastos.

domingo, 20 de agosto de 2017

La vaca

Por poner la situación en perspectiva, nuestro refugio está protegido por la peña por un lado, un seto por otro y una hilera de piedras que lo separan de la pequeña campa cercana. Una vez montada la tienda queda una reducida zona de hierba y poco más; bueno, y la tienda es verde.

Siguiendo donde lo dejamos, Nieves y yo estábamos de rodillas en nuestro refugio, Asier despierto pero en su saco, Aimar en el séptimo cielo y  la vaca, ¡ay, la vaca!, la vaca estaba mugiendo con un mugido largo y profundo a pocos metros de nuestra tienda. Aun manteniendo en mente que los cuatro cientos kilos que estaban al otro lado de la fina tela correspondían a un herbívoro era complicado estar tranquilo. Por mi mente pasaban a toda velocidad ideas que, al momento, desechaba por improcedentes. Así, descarté salir a espantar al animal, pegar gritos (o chillidos, quién sabe lo que hubiera salido de mi garganta en esa situación) o hacer movimientos que dudo que consiguieran que se alejara. Mi temor era que el animal quisiera pasar a nuestra zona y aplastara la tienda confundiéndola con un seto o un arbusto grande. Mientras tanto, el mugido seguía y seguía.

Llevábamos más de media hora y el animal se desgañitaba prolongando aquella agonía hasta que tenía que coger aire (cosa que también oíamos claramente, gargajo incluido). Habíamos vuelto a acostarnos pero no dormíamos. Al rato, el animal se fue y suspiramos tranquilos.

Sin embargo, el descanso duró poco y la bestia volvió corriendo; y esta vez se puso más cerca. Redefiniendo conceptos, aquello no eran mugidos sino bramidos y sentíamos el aliento y la respiración del animal cada vez más próximos.

Llevábamos otra media hora pendientes cuando oímos un cencerro que se acercaba; los bramidos cesaron. Por el tañido nos dimos cuenta del que el ternero había respondido a la llamada desesperada de su madre. Sin embargo, como buen hijo, no mugió ni una sola vez. La vaca le soltó un par de bramidos al estilo "¿Dónde diablos te has metido?" y se alejaron un poco. Asier comentó: "Ese viene de pasar la noche en el prado de un amigo", y nos reímos relajados.

El resto de la noche dormimos como benditos y, para cuando el sol se asomaba por nuestra zona, ya teníamos la tienda recogida y estábamos desayunando.

Antes de irnos, subimos a una pequeña loma y nos despedimos de nuestros anfitriones. ¡Cómo entendemos a la pobre vaca!



PD: Menuda adolescencia la que me espera en casa.

jueves, 17 de agosto de 2017

Mugidos en la noche

El frío empezaba a ser molesto. Las nubes añadían una humedad desagradable y nos pusimos todo lo que llevábamos de abrigo. Aún y todo, el viento que se empezaba a levantar hacía más molesta la espera y, rondando las siete, montamos la tienda y esperamos dentro.

Por encima de las nubes bajas que recorrían la montaña se podía atisbar por momentos el cielo azul. Posiblemente, cuando se pusiera el sol, el viento se detendría y las nubes quedarían en el valle.

No me equivoqué.


Cenamos al abrigo de las peñas que protegían nuestro refugio y nos dispusimos a echar un sueñecito hasta las dos de la mañana. La luna aún no molestaría en el cielo y tal vez tuviéramos suerte con la lluvia de estrellas.

A las dos en punto me desperté y me asomé. La noche estaba limpia y estrellada. Teníamos la tienda orientada hacia Perseo, que justo se acababa de levantar también sobre el Pardarri. Estuve cinco o diez minutos esperando pero ninguna estrella fugaz justificó mis desvelos. Volví al saco dispuesto a repetir al cabo de una hora aunque sabía que la luna me lo pondría muy difícil.

Daban las tres cuando me volví a asomar. La luna ya había salido y parecía que era de día. Tanto era así que pude ver una vaca del otro lado de la ladera; estrellas fugaces, ninguna. La temperatura era de diez grados y volví al calor acogedor. Habrían pasado diez minutos cuando un mugido ensordecedor me sobresaltó.

_Aita- me dijo Asier desde su saco- ¿hay una vaca ahí fuera?
_No- le contesté. La he visto hace un momento del otro lado del monte.

Otro largo mugido desgarrador me hizo darme cuenta de que las vacas pueden andar.

PD: Y más si se tiene una farola alumbrando desde lo alto.

miércoles, 16 de agosto de 2017

Incertidumbre

Comenzamos a caminar cercanos al mediodía. La ruta no es larga y hay pocas cosas que hacer cuando se llega, con lo que tampoco es necesario madrugar. La tardanza impidió el redesayuno en Lekunberri pero llevábamos suficiente avituallamiento para compensarlo.

El día no levantaba, aunque tampoco lo esperábamos hasta media tarde. Las nubes altas y la proximidad aún del frente anterior nos hacían avanzar en una jornada fresca, perfecta para caminar. Los hitos iban llegando poco a poco: chocolate con bollo aplastado por aquí, lacito de hojaldre por allá,... Llegados a Igaratza nos detuvimos a comer en la ermita.

Casi terminando, nos dirigimos a la fuente para llenar las cantimploras. Estaba seca. O más bien habría que decir cerrada. La fuente sale de un depósito y, por debajo del sumidero, podíamos ver la llave de paso bloqueada. No hacía mucho calor pero con el agua que llevábamos íbamos a estar demasiado justos. Regresábamos meditabundos cuando vimos la puerta del refugio abierta.

Entramos.

La zona común tenía la mesa cubierta de hongos y, en el suelo, cuatro pares de botas gastadas de diferentes tallas. Me asomé a la cocina y vi a una familia comiendo en la mesa.

_Aupa.
_Egun on.
_La fuente está seca. ¿Tenéis agua?

Con un gesto, el padre de familia me indicó la fregadera y siguió comiendo. Rellené todo y me fui.

_Agur. On egin.
_Eskerrik asko.
_Agur.
_Agur.

Y siguieron comiendo; la locuacidad vasca en todo su esplendor.

Retomamos el camino y empezó a soplar algo de viento fresco. Nos adentrábamos en la zona guipuzcoana y el tiempo suele cambiar respecto a la vertiente navarra. Llegados a nuestro destino nos abrigamos. Aún era temprano para montar la tienda y echamos unas partidas de cartas. Yo miraba de reojo la montaña, no fuera a ser que una niebla traicionera cayera de pronto sin darnos cuenta.



PD: La niebla cayó pero me di cuenta.

lunes, 14 de agosto de 2017

Decisiones

Se acercaba la fecha, venían las Perseidas. En esta ocasión, la ventana de buen tiempo nos dejaba varias fechas a elegir. Por un lado, el viernes no era la mejor para la lluvia de estrellas pero, siendo el primer día después del mal tiempo, sería el más despejado y menos caluroso. El sábado era el máximo pero tendríamos mucho más calor y la posibilidad de que las nubes cubriesen el cielo nocturno. Por otra parte, si íbamos el viernes, volveríamos el sábado y la carnicería de Lekunberri nos ofrecería una deliciosa posibilidad a la vuelta. Por otro lado, si volvíamos el domingo, coincidiríamos con la romería a Igaratza y los bocadillos de txistorra a mitad de camino. Ante semejante lío, la familia delegó en mí la responsabilidad de la elección y opté por el viernes. Si fue una decisión acertada o no, nunca lo sabremos. Sin embargo, fueron dos días para recordar durante mucho tiempo.


PD: Muuuucho tiempo.

domingo, 13 de agosto de 2017

Nunca es lo mismo

Quien crea que, otro año más, repetimos vivac en Aralar es que nunca ha venido con nosotros...


... ni ha visto una puesta de sol con nosotros; ni comido macarrones con trocitos de salchicha, tomate y queso con nosotros; ni fracasado al intentar ver la lluvia de estrellas con nosotros; ni pasado una noche...


PD: Nunca es lo mismo.
PD2: Jo, qué noche.